top of page

Trump, Maduro y la libertad a los golpes: cuando la geopolítica deja de disimular

  • L.B
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

La captura de Nicolás Maduro, su declaración de inocencia en Nueva York y la nueva ronda de amenazas de Donald Trump a medio continente reordenan el tablero global. Entre discursos de libertad, operaciones militares y advertencias imperiales, Estados Unidos vuelve a marcar la cancha sin demasiados eufemismos.


La escena es tan desmesurada que parece escrita por un guionista con poco apego al realismo: Nicolás Maduro, presidente en ejercicio de Venezuela, trasladado a Estados Unidos tras una operación directa de Washington, sentado frente a un juez federal en Nueva York, declarando en castellano desafiante, que es inocente y que sigue siendo el presidente de su país. Afuera, manifestantes a favor y en contra. Adentro, una justicia estadounidense que lo acusa de narcoterrorismo y conspiración internacional. Y, como telón de fondo, Donald Trump avisando que Venezuela no es un caso aislado.


Según reconstruye Cenital, la operación sobre Maduro marca un quiebre: ya no se trata de sanciones, ni de presión diplomática, ni siquiera de guerras por terceros. Estados Unidos capturó y se llevó a un jefe de Estado extranjero en una acción directa, justificada en nombre de la “libertad” y el combate al crimen transnacional, pero con implicancias que van mucho más allá de Venezuela. El mensaje es brutalmente claro: la soberanía es relativa cuando choca con los intereses estratégicos de Washington.


Maduro, por su parte, no ensayó ningún gesto de moderación. Ante el tribunal federal, se declaró “completamente inocente”, negó todos los cargos y sostuvo que fue secuestrado, no detenido legalmente. “Soy el presidente de Venezuela”, insistió, mientras su defensa planteaba que, como jefe de Estado, debería gozar de inmunidad. El tribunal escuchó, tomó nota y fijó próximas audiencias. El espectáculo judicial recién empieza, pero el impacto político ya es global.


Lo inquietante es que el caso venezolano no aparece como una excepción, sino como un ensayo general. En las últimas horas, Trump amplió su lista de advertencias y amenazas: Colombia, México, Cuba y hasta Groenlandia entraron en su radar. Los argumentos varían entre narcotráfico, migración, seguridad nacional, pero el patrón se repite: Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir donde considere que sus intereses están en juego.


El tono recuerda a otras épocas, aunque con menos vueltas retóricas. Trump ya no parece necesitar grandes justificaciones ideológicas. La “libertad”, esa palabra tan usada como vaciada, funciona como un comodín que habilita operaciones, presiones y advertencias. La pregunta ya no es solo qué pasará en Venezuela, sino qué precedente se acaba de establecer para la región y para el orden internacional

Mientras tanto, en América Latina, el desconcierto se mezcla con el temor. Si un presidente puede ser capturado y juzgado en otro país, ¿qué margen real de autonomía queda para los Estados periféricos? ¿Dónde termina la lucha contra el delito y dónde empieza el ejercicio descarnado del poder imperial?

 

La escena de Maduro, esposado en Nueva York, no cierra nada. Al contrario, abre una etapa más cruda, menos disimulada, donde la fuerza vuelve a ocupar un lugar central en la política internacional. Y donde la “libertad”, una vez más, parece no ser lo que solía ser.

 
 
 

Comentarios


bottom of page